Recuerdo haber visto a mi papá entrar al estacionamiento de la casa con una cachorrita mestiza en los brazos. Él la había rescatado de la calle, donde ella estaba expuesta con su mamá y sus hermanitos. Aunque mi mamá no estaba muy contenta con la idea de sumar un miembro a nuestra familia, la aceptó y decidimos cuidarla.
Esa perrita se llamó Cona, así la bautizó mi papá… Y fue la mascota más fiel del mundo. Protegió nuestra casa -y a nosotros- cuando ésta no tenía rejas, y se creó fama de guardiana en nuestra calle. Todos la amamos mucho, hasta el día que murió.
Luego tuvimos dos perritas, ambas de raza. Pero en el camino, mi papá se ha encargado de rescatar a -por lo menos- tres más. Recuerdo cuando mi hermana estaba en el colegio y apareció una perrita herida en la plaza… los niños le tiraban piedras al animalito y mi hermana no aguantó la indignación. De regreso a casa la recogió con mis padres y se la llevó a mi bisabuela. Ella se encargó de recuperarla y hacer que creciera fuerte y sana.
Y ese ha sido nuestro ejemplo… Nuestros padres nos enseñaron a amar a los animales, a no permitir que nadie los hiera y si es necesario llevarlos a casa, recuperarlos y darlos en adopción, lo hacemos…
Les cuento todo esto porque recientemente, sin planearlo, mi hermana y yo hemos llevado a cabo una labor con las gatas paridoras del edificio… Todo comenzó cuando mi hermana se dio cuenta de que debajo de un carro había una gata con tres mininos pequeñitos. Los cuidamos y dimos en adopción a la que quedó. Y lo hemos seguido haciendo con otros casos.
Hace poco, otra gata parió. Fue uno o dos días antes de terminarse el 2010. Sus tres bebés son la camada más linda que puedan imaginar. Y mi hermana, unos vecinos y yo nos ocupamos de darle de comer a la gata y vigilar a sus gatitos. De repente, cuando ellos (bueno, ellas, porque son tres gatitas) tenía dos semanas, alguien se los llevó. Fueron dos semanas sin saber nada de las mininas… Hasta que me llamaron para decirme que habían aparecido
Sólo conseguí a dos… A la peleona, que siempre que íbamos a visitarla nos gruñía, y a su hermana gordita, que hace todo lo que ella hace. Me las traje a casa y ya di a una en adopción. Su cuidadora es una hermosa niña que acaba de perder a su gata… Y yo me quedé con la otra. La llamé Olivia.
Olivia es una preciosura. Cuando su hermana se fue empezó a pegarse conmigo… Me persigue por todo el apartamento, me acompaña mientras trabajo en mi computadora, se acuesta en mis pies… ¿cómo no amarla? Es una compañía adorable.
Si alguno de ustedes puede hacer algo por los animalitos que los rodean, no lo duden. Los humanos requieren ayuda, pero los animales también, y ustedes se sentirán aún mejor que ellos por ayudarlos. Enséñenles a sus hijos que hay que tener respeto hacia cualquier ser vivo… crecerán mucho más sensibles y cuidadosos.









